La Identidad, el Yo, el Ego.
La evolución de la personalidad.

Transcrito de Master Practitioner con Allan Santos

Transcrito por Jose Juan y Valko Kostov

Nacemos iluminados. ¿Cómo puede uno estar conectado consigo mismo? Nuestra identidad evoluciona en el proceso de interacción con el entorno. Cuando nacemos no sabemos absolutamente nada, la cabeza está en blanco en el sentido de que no hay ninguna información. Entonces absolutamente todo, todo, todo, lo que uno piensa ha venido de fuera.

Nacemos con un potencial tremendo y empezamos a interaccionar con el entorno. Entonces hubo un momento en el que no había visto la cara de mi madre, tampoco de mi abuela, nunca había visto un pajarito. Hoy sí digo; pájaro, silla, todo esto son informaciones de las cuales tú dispones. Si te pregunto:

-¿Te gusta la manzana? ¿Qué aparece dentro de tu cabeza?

Una “manzana”. Alguna referencia que tienes de alguna experiencia. Cuando digo “manzana”, esto es un sonido, es sólo un sonido, no es una palabra es un sonido. Cuando este sonido se escucha se dispara una experiencia tuya en algún momento de haber visto, comido, olido… es decir algo entre tú y alguna manzana.

-¿Y si te digo “plátano”?

Pero observa, date cuenta, ¿qué pasa si te digo cuánto te gusta “Kebepchence”? No pasa nada dentro de tu cabeza. El proceso es muy rápido, yo entro, no encuentro experiencias asociadas con este sonido y después digo:

-¡¿Qué?!… ¡No lo he entendido!

Por supuesto que no lo has entendido. No hay nada que entender, no hay referencias allí dentro, no hay experiencias asociadas con este sonido. Pero tú has escuchado el sonido. Esencialmente el proceso de comunicación es; recibo informaciones (sonidos) de fuera y entro dentro para encontrar referencias asociadas con el sonido recibido de fuera. Es esencialmente una máquina de reconocimiento; reconozco, reconozco, reconozco y en el momento que no conozco algo digo:

-“No he entendido”.

También tenemos que tener en cuenta el otro mecanismo de funcionamiento que se llama “Distorsión”. Cuando un sonido (palabra) desconocido, es parecido a otro sonido (palabra) conocido inmediatamente se distorsiona hacia lo que ya conocemos. O sea, se escucha solamente la parte no todo el sonido. Y durante el día ¿cuántas veces escuchamos la mitad y rellenamos la otra mitad?, y esto en el supuesto de que escuchemos la mitad. De hecho no sé dónde vivimos. Una cosa que casi te garantizo es que nunca o casi nunca vivimos aquí y ahora. En el momento que uno esta centrado vive aquí y está más presente.

Entonces nacemos y poco a poco vamos aprendiendo sobre el mundo, es decir, las experiencias van entrando y yo voy grabando el mundo; las personas, los sonidos, todo lo que he vivido, hasta que yo tengo una representación del mundo. Cuando yo tengo una representación que Alfred Korzybski ha llamado “el mapa”, uno puede caminar “en el territorio”. Si tú vas a una ciudad que no conoces, en el hotel te dan un mapa, ¿para qué se hace esto? Para que uno pueda caminar en el territorio. Esto es una mierda porque el mapa no es el territorio. Aquí en Barcelona tenemos muchos ejemplos de personas que intentan ver el territorio en el mapa. Mirando el territorio y mirando el mapa se dan cuenta que no coincide. ¡Por supuesto que no coincide! es sólo un mapa.

El primer y gran principio, que es el más difícil, es que: “El mapa no es le territorio”. Eso hasta que uno consiga cambiar que el territorio sea mi mapa. Será ideal cuando el territorio pase a ser mi mapa y no lo que tengo dentro de mi cabeza. Hasta llegar allí es mucho curro y uno necesita mucha dedicación y tiempo poniendo la atención, haciéndome consciente.

En el momento en el que estoy aprendiendo el mundo, el mundo es una amenaza porque yo no sé cómo manejarlo (estoy usando este término pero entiendan que no es un término literal). No es que sea una amenaza real pero yo no sé como manejar un perro, yo no sé como manejar el fuego, no sé como manejar un cuchillo, yo no sé como manejar una escalera, yo no sé como actuar allí. Necesito aprender. Hay una manera muy metafórica de entender, cuando nacemos, nacemos sin piel, no tenemos identidad, estamos “abiertos”. En esos momentos de nuestra vida entra mucha información. Un crío es un ser iluminado. Un bebé es un iluminado, por donde pasa llama la atención de las personas pero no hace nada con esto. ¿Qué puede hacer un bebé con su iluminación? Nada. Esta en plena presencia aprendiendo el mundo. Allí hay un proceso de aprendizaje muy interesante, infelizmente mal entendido. Nuestra biología esta dotada de un sistema muy evolucionado que se llama sistema nervioso autónomo. Este sistema, delante de algún estímulo que pueda ser percibido como una amenaza vital, dispara los mecanismos de supervivencia. Entra en funcionamiento el sistema nervioso autónomo, se dispara adrenalina y se prepara todo el cuerpo para; protegerse, defenderse, huir. Son tres mecanismos básicos de supervivencia; lucha, huida, parálisis. Estos mecanismos son fisiológicos, primitivos y nos acompañarán hasta nuestra muerte. Entonces, muchas veces pasa alguna cosa y la persona se asusta y grita y después dice:

-“Disculpa, yo no soy así”.

No es una cuestión de modales, es una cuestión de biología que se activa delante de un estímulo.

La diferencia que hay entre un conejo y un hombre es que el conejo escucha el chillido de un halcón y este estímulo es igual a una amenaza, se dispara inmediatamente el sistema nervioso autónomo, la reacción es inmediata; ¡adrenalina y a correr! Después de un tiempo y cuando el estímulo no está se metaboliza la adrenalina. El conejo continúa en lo suyo, ya no existe el halcón para el conejo. El hombre escucha el halcón; se asusta, es una amenaza, huye, después de un tiempo metaboliza la adrenalina y empieza producir más adrenalina… ¿Cuando vendrá el próximo halcón? …Esta sombra parece un halcón…este sonido debe ser de un halcón… porque hay un recuerdo del halcón. Y la persona arrastra un halcón toda su vida, aunque nunca más vea un halcón. Pero es como si el halcón continuara existiendo. Y recuerden, lo que uno piensa para el cuerpo es como si fuese real, como si pasase ahora mismo. Tenemos esta capacidad tremenda de grabar porque tenemos el sistema nervioso autónomo y una capacidad de almacenar información tremenda. El sistema nervioso autónomo es muy útil por un lado pero por otro nos genera limitaciones tremendas. A lo largo de los primeros 6 ó 7 años de vida vamos pasando por experiencias donde como no tengo piel para vivir necesito una segunda piel. Y esta viene de parte de las figuras parentales. Las figuras parentales son los adultos que están cuidando del crío, no necesariamente padre y madre. La madre y el padre solamente sirven para el momento de la fecundación, no estoy diciendo que no se quieran a papá y a mamá. Estoy diciendo que la función de fecundar, de crear vida, viene de papá y de mamá. Después de dar vida viene otra función que es cuidar la vida nueva, esta función puede ser por padres biológicos o no. El crío no necesita los padres biológicos, necesita que alguien lo cuide. Para venir a esta forma de vida sí necesita los padres biológicos.

Cuando una niño pasa por una experiencia y todavía no tiene desarrollada su piel (identidad), cuando somos pequeños, tenemos la necesidad de un entorno de cuidado, si un niño percibe una situación de amenaza, la reacción del cuerpo es contraerse, se acaba generando mucha tensión. La tensión por la adrenalina es la forma que usamos para protegernos. Aprendemos un montón de tensiones. Cuando uno está tenso ¿cómo conectamos con la realidad?… “desconectados”. Tenemos un montón de experiencias de desconexión, y cuando aparece un momento en la vida adulta que se asemeja a lo que uno ha vivido en su infancia, aparece la misma tensión y la desconexión que ha aprendido. ¿Alguien en la adolescencia ha tenido experiencia en su hogar donde había ciertos conflictos, pelea entre los padre? ¿Y que hacíamos en esos momentos? Nos quedábamos mirando, nos escondíamos, me encogía, dependiendo de la edad me metía debajo de la cama, entraba en un armario, me ponía música alta en mi Ipod, me iba a la calle a fumarme un porro. Son maneras de desconectarme de lo que está pasando porque no sé cómo manejar esta realidad. No sé como enfrentar esta situación. No teníamos “Centro” y “Conexión” suficiente para estar delante de una situación de conflicto hasta hoy. ¿Cuántos de vosotros os agitáis si comienza una pelea a vuestro lado? No es conmigo, no es mi pelea pero sin embargo algo pasa en la persona que reacciona “desconectándose”.

¿Y qué pasa? Uno tiene sus aprendizajes de cómo desconectarse frente a situaciones siempre leídas como amenazadoras, repito leídas como amenazadoras.

Mis padres tenían sus maneras de amarse y en estas maneras estaba presente también el conflicto, yo lo llamo “las maneras de amarse”. Han estado casados hasta la muerte de mi padre, cincuenta y pico de años. Ellos se querían un montón. Mi madre se quejaba mucho de él pero cuando se murió decía:

-¡Cómo lo hecho de menos!

Yo le decía:

-“Mamá te has quejado tanto de que el hombre era un infierno y ahora aquí llorando, ¿qué pasa?” y ella me decía:
-“Es que lo quería un montón”
-¿Y por qué no le has dicho esto a lo largo de la vida, algo como “Te quiero un montón”?

Y él también la quería mucho, en su relación había mucho amor. Lo que les faltaba por aprender era expresarlo, aunque el amor estaba presente.
Entonces cuando nos encontramos delante de estas situaciones de amenazas se van creando determinados agujeros por tensiones, son momentos de “desconexión” y los arrastramos por toda la vida. Siempre y cuando haya un estímulo que se parezca a lo que hemos vivido se entra en el mismo funcionamiento. ¿Os suena la palabra “ancla”, lo que llamamos “anclaje”? El ancla no ha sido inventada, ha sido observada y descrita, es parte de nuestro funcionamiento.

A los 7 años, de una cierta manera uno está listo pero con un montón de agujeros negros, son los momentos donde hubo “desconexiones” y repito a lo largo de mi vida un montón de “desconexiones”. Hay una investigación que se hizo con un crío pequeño, se llama “el experimento de la cara inexpresiva”, se hizo en Harvard. Un crío de unos dos años y medio, más o menos, lo ponen en una sala y su madre está sentada con él. El niño está jugando, hablando y riendo con la madre. El objetivo de la investigación es el siguiente: ¿qué pasa cuando la madre no está presente con el niño? Aquí no hablo de la presencia física, sino de estar en el momento presente. Entonces se le hace una señal a la madre y la madre se desconecta, empieza a pensar en cualquier otra cosa salvo estar presente con el niño. La respuesta del niño es impresionante, cuando la madre se va el niño lo nota enseguida. Usa todas sus habilidades para recobrar la conexión con la madre, la llama, la señala con el dedo, le sonríe y cuando no puede recobrar su atención entra en tensión y en una agitación tremenda. Se dispara el mecanismo de supervivencia del sistema nervioso autónomo. Cuando pasa el tiempo en el que la madre tenía que estar desconectada, vuelve con la atención puesta en el momento presente con el niño, el efecto es inmediato, el niño se destensa. Es un buen ejemplo del vínculo que hay entre los seres humanos. Pasados dos años llevan al niño a la misma sala, nada más entrar en la sala se observa la misma reacción de tensarse y agitarse aunque en esta ocasión su madre esta presente y con el niño. Esto se revela comparando la reacción del niño en al grabación de hace dos años y la de después.

A partir de este experimento se pueden entender cosas del tipo: “Yo estoy con mi madre pequeñito, ella me está dando de comer y está conmigo pero yo me siento solo. A mi me viene la pregunta a la cabeza: ¿dónde esta mamá con la cabeza en ese momento? Yo llamo a estas situaciones “de misa de cuerpo presente” porque el alma se fue. Mi madre está con la cabeza en mi hermano que está enfermo, no está conmigo y yo percibo esto. Los niños están conectados con el verdadero estado emocional de los padres, no con lo que los padres piensan.